La monarquía exhalaba sus últimos estertores. Una plaga de garrapatas había comenzado a suplantar generaciones de piojos asentadas en las melenas heavileras de los súbditos. La sharia pedropitaria se impuso con mano de hierro: quien osara cortarse la melena más arriba del trasero sería condenado de por vida a fumar, todo lo más, tabaco mentolado-ultra light. La creciente masa poblacional, que vio la relación directamente proporcional entre el aliento fresco y sus conquistas sexuales, obligó a Pedro VI adoptar una medida extrema: decretar la provisión pública de orujo y calimocho. La crisis que había paralizado la economía del país ante la discapacidad etílica generalizada daba dolor de tripa al monarca, que solía aliviarse en los alrededores de la fortaleza.
Debió de ser en una de esas cuando se encontró con una mujercilla absorta en la descomposición de la luz sobre las gotas de rocío. Y eso que no estaba colocada. Era de natural dulce y rosa, como un fresisuis. Tan bucólica escena animó al rey a dar rienda suelta a su consabida afición: el tocamiento del pabellón auditivo y sus contornos cartilaginosos.
Y así, Fresisuis' Queen fue coronada gracias a una erección. Ignoro lo que pasó después, pero intuyo por las fotos que debió de buscarse un séquito de empanados a los que llamó "gluglusitos". Quién sabe si acabaron todos ahogados en el mar...


1 comentario:
uyuyuyuy, de esto a montarte un piso en Second Life va un paso, no digo más.. los gafipastis, por cierto, son como la palabra dice los que llevan gafi(s) de past(a), así como los perriflautis, son aquellos con perri y flauti que crecen normalmente a puertas de Opencor, Vip's o Mercadona y piden moneduchas de por vida.
Muy chulas las fotos, pero no pillo el título, así que ahora te toca a tí donar l'explicació de la fallapost.
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