Paseando por la playa de la Concha, con la brisa del mar enredándole la melena que un tiempo después se quiso cortar.
-Pues pasa casi sin darte cuenta. Una mañana te levantas a la misma hora y empiezas haciendo las mismas cosas, por su mismo orden, sin pensarlas. Y por la noche, justo antes de cerrar los ojos, echas algo de menos. Ya no está.
-¿Así, sin más?
-Pasa y punto. Nadie se muere de esto...
Por la noche, aun en verano, no se puede dormir en la Concha: hace mucho frío y los aspersores perturban el sueño de los visitantes, que pronto echan de menos el calor de otra costa, aquella donde esperan que algo grande va a suceder...

