sábado, marzo 01, 2008

Despegada

A veces los pies se me levantan demasiado del suelo. Como en un sueño, empiezo a correr hasta que pierdo el contacto y me dejo aupar. Desde arriba las cosas son menos y a las personas las engulle un paisaje completo, acostumbrado a estar allí. La visión cenital me invade el pecho de paz, me corona reina y señora para hacer y remover, para gritar sin escuchar, para romper sin tener que ensamblar. Casi me olvido entonces de que tú también reconoces por tus manos, de que te vas arrugando con los años, de que lloras y ríes, haces el amor y desprecias. Abajo, mis palabras desatan aludes; mis lágrimas, tempestades. No puedo evitar sonrojarme ni reprimir una risa nerviosa mientras cierro los grilletes que me anclarán a la tierra...