...O tanto como que Mariano Rajoy y Arnaldo Otegui se sentasen a hablar y dejaran paso al entendimiento tras ostentosas muestras de odio. No es lo mismo -la lucha armada se ha cobrado en Irlanda del Norte miles de vidas en los dos bandos-, pero el reverendo Ian Paisley se dispone a formar Gobierno con el que fuera uno de los principales jefes militares del IRA, Martin McGuinness, sobre cuyas espaldas los tribunales han cargado centenares de muertes. El Ulster deja de ser referente del miedo, la sangre y el odio y allana un camino de paz abriendo las puertas de su nueva y legítima Asamblea parlamentaria, instaurando un nuevo Gobierno autónomo integrado por católicos y protestantes, enconados enemigos que han colgado sus fusiles y se han tragado el orgullo. Los irlandeses han tenido que hacerlo en un mundo donde los occidentales, lejos de contemplar el terrorismo como un medio legítimo para determinadas causas, lo han demonizado. Se les ha agotado el tiempo.
Tuve una profesora irlandesa que solía decir que en el Ulster se han tenido que tragar muchísimas cosas, algo que, hoy por hoy, es inimaginable aquí. Supongo que deberíamos tomar ejemplo y aprender a renunciar y a perdonar, porque si las heridas no se cierran se enquistan. Ignoro la solución más adecuada, pero recomiendo abrir los ojos y tomar ejemplo. Las alambradas que segregan a los ciudadanos de Belfast todavía no han caído, pero a partir de la próxima semana un Ejecutivo en el que se van a sentar asesinos va a decidir algunas de las cuestiones más importantes de sus vidas. Y se lo tienen que tragar, porque eso es más fácil y más natural que seguir llevando flores a los cementerios a perpetuidad.


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